Llevo un tiempo pensando que me gustaría encontrar el botón de apagado de la parte de mi cerebro que me arrastra a la aventura. No sé cuándo ni cómo se encendió, y ahora no consigo encontrar la clavija del OFF. O al menos me gustaría apagar entonces la parte cobarde de mi cerebro. La que me ataca justo cuando me voy a dormir.
¿Serán complementarias?
Porque en estado de plena consciencia mi cerebro aventurero, el inquieto, me mantiene ocupada con pensamientos de planes, de viajes, de opciones, de libertad... Y cuando llega el momento de acostarme, justo antes de entrar en el modo inconsciente absoluto, es como si esa parte se pusiera en standby y la parte cobardica se despertara. Entonces se me agarra una bola en el estómago y me atacan los miedos, las dudas, los arrepentimientos, los conformismos y los convencionalismos. Así qué... ¿ambas soy yo? ¿puedo desconectar alguno del todo?
Que si escojo el camino de la aventura, lo apoye con todas sus consencuencias. Y si no, que gobierne el conformismo y me pueda hacer feliz con lo de siempre sin plantearme ni un segundo si no lo sería más con otra cosa distinta.
¿Va a ser así siempre?
¡Ay, que miedo volver a Sevilla! ¡Qué pánico rodearme de nuevo de lo de siempre (que no de los de siempre, a algunos de esos los adoro) y que lo de siempre me contagie con sus propios miedos. Yo, con miedo a estancarme, y mi alrededor aterrado ante lo desconocido. La mala energía es contagiosa, y el miedo es el sentimiento negativo más contagioso de todos.
¿Podrá mi cerebro inquieto mantenerme arriba cuando el cerebro cobarde se nutra de tantos miedos ajenos? ¿Volveré a caer en la debacle de aguantarlo todo por intentar conseguir un sitio que ni siquiera sé si quiero para mi?
No tengo cargas familiares (por cierto, qué feo llamarlo así, parece que fuera una condena más que algo que se escoge por amor) ni hipotecas, ni un apego excesivo a la ciudad (yo no quiero a la ciudad, quiero a la gente que me rodea, y esos no van a estar en el mismo sitio siempre... y si lo están, y somos realmente amigos, lo estarán para mí).
Así que, ¿seré capaz de ser fuerte y tomar, llegado el momento, una decisión consecuente con la persona que soy (y la que realmente quiero ser)?
La imagen, de Alberto Montt, que siempre encuentra la imagen que define lo que en algún momento pienso...

