VIOLENCE IS NOT THE KEY

Creado por un Médico Interno Residente para poder desahogarse, a veces en clave de humor y a veces con un tono de desesperación, del Sistema Sanitario y de su vida en general.
Creado por la persona, que aparte de ser MIR, tiene otras inquietudes...


sábado

93 DÍAS EN NYC: LA CLÍNICA

Irina tiene nombre de entrenadora de gimnasia rítmica, o, como ella misma dice, de estricta profesora de piano. Te la imaginas muy rusa, mayor, con gafas pequeñas, alta, ancha y muy seria. Y te encuentras con ella, una rubia hippiosa con carita de adolescente.
Irina es la única que ha customizado la consulta en la que trabaja en la clínica, de tal forma que cuando entras tienes la sensación de estar en el salón de su casa. Ha puesto luz indirecta, plantas, cuadros y un largo panel donde cuelga todos los regalos que le traen sus pacientes. 
Tiene nombre ruso, y le gusta el frío, pero convierte las cosas gélidas en cálidas con su mera presencia. 
Habla con todos y en todos los idiomas que puede. Inglés, ruso, portugués y español, este último porque se le metió entre ceja y ceja ser voluntaria en un Centro de Atención a pacientes VIH latinos.
Da consejos caseros a todos los pacientes, y para todas las preguntas tiene una excelente respuesta, tomándose su tiempo para elaborarla y cerciorarse de que el paciente lo entiende del todo.
¡Qué pocas Irinas hay por ahí sueltas y cuántas harían falta!

En la Clínica la gente es muy dispar. Peinados imposibles.,tatuajes milenarios, piercings, uñas pintadas (independientemente del sexo), conjuntos estrambóticos... alternando con camisas y pajaritas. 
No sé qué tiene este lugar, imagino que alrededor de los pacientes a los que atienden, se han ido conglomerando sus médicos y enfermeros. 

Pero no es una cuestión de raza, sexo u orientación sexual, es una cuestión de libertad. EXPRÉSATE TAL Y COMO ERES SIN IMPORTAR COMO SEAN LOS DEMÁS. O como dirían mis amigos hindis, "No tengo porqué aceptar todo lo que tú hagas, pero respetaré siempre lo que decidas hacer". 

martes

DE MIL COLORES...

La ciudad son las personas que viven en ella. Eso dice la PQ. Son las que se mueven a ritmo frenético por las escaleras del metro, las que compran en tiendas de grandes marcas y las que lo hacen en outlets, las que comen en las terrazas y toman café por las calles, las que aprovechan los happy-hours de los bares y corren por los parques. 
Y las personas tienen una historia personal, una vida, una cultura, una religión, unos amigos, una familia... Todos tan diferentes. Tánto que comparar y tánto que aprender...
La entrada de hoy va para todos ellos, para los que voy conociendo y me aportan un poquito de sabiduría y para todos los que me falta por conocer. 
Principalmente voy a contaros la maravillosa experiencia vivida en el Festival Holi Hai el pasado domingo. 
Fui allí invitada por un nuevo amigo ("Elena, ya no somos amigos de CouchSurfing, somos amigos sin más"), Hardik, que 3 días antes nos contó que el festival consistía en pintarse los unos a los otros y bailar musica india. ¿Colores y bailes? ¿Cómo iba a resistirme?
Lo que no esperaba es que asistir allí fuera tan divertido, tan enriquecedor y tan natural. Esta fiesta simboliza la llegada de la primavera, el cambio del árido paisaje gris del invierno por el colorido ambiente floral que trae el cambio de temperatura. De esta manera, pintándose de colores, celebran la llegada de los colores naturales. Y es una fiesta, así que tiene que tener musica y bailes, y risas y buen rollo.
Fue en un parquecito del Midtown East, y cualquiera que se acercara a espiar o tomar fotografías, se iba con la cara pintada de algun color. Por momentos era rojo, verde, amarillo, lila... Sin malentendidos, sin aspavientos, solo poner tus manos llenas de polvos de colores en la cara de los demas, en el pelo, en la ropa... y esperar que los demás hicieran lo propio contigo. Y bailar banghra con tus amigos, con desconocidos, en círculos...
Y reir tanto...
Que salí de allí con mucha energía, una gran sonrisa y muchos colores brillantes en mi cara, mi pelo, mi ropa, mis zapatillas...
Terminé cenando con Hardik y Anchal (entre otros), disfrutando de todo lo que me pudieron contar, en ese ratito, acerca de su cultura, sus costumbres, su religión. Adoré cada segundo allí. 
Así que volví a casa teniendo la sensación de que les debía algo a cambio. Ellos no hablan español ni lo entienden (aunque Hardik ha aprendido rapidamente a usar la frase "quehijodeputa"), pero mi homenaje a ellos consiste en que vosotros los conozcais. 
Valorad las diferentes razas y culturas que os rodean, porque, en una ciudad impersonal y solitaria donde cada uno es una isla sin amor, ellos aportaron a mi vida mucho cariño de mil colores.

miércoles

93 DÍAS EN NYC: SAQUÉMOSLE PUNTA!!!

No todo van a ser alabanzas... No todo es "qué buenos son los estadounidenses". No. Definitivamente. Hay cosas que rayan lo extremo. Y hoy voy a contaros el asunto de la comida. Se come de la leche en cualquier sitio, siempre y cuando evites lo que ya conocemos, a saber: McDonnalds, Starbucks, Dunkin Donuts, Wendys,  Pizza Hut, Domino´s... Pero ¡ojo! que hay cada metida por ahí suelta que para qué. Porque si yo, como buena española que soy, me acerco a ver la carta de un "restaurante español" y me encuentro que menos español podría ser cualquier cosa... ¿Qué pasa entonces con los demás supuestos restaurantes étnicos? ¿Los cubanos lo son realmente? ¿Y los asiáticos? ¿Asia no es demasiado grande para decir que dominas su gastronomía? Sería como decir "No, mi restaurante Europeo". Aunque si es por eso, creo que el colmo de lo que he visto de momento se lo lleva el Restaurante El Paraíso (literalmente), que se vende como RESTAURANTE CHINO-ESPAÑOL... ¿Cómo? ¿Paella con verduras, mariscos, pollo y salchichas? ¡Joder, le falta un huevo encima y leche con canela para mezclar todos los tipos de arroces que se me ocurren!
Y si esto me ha rechinado visualmente, tampoco se quedan atrás otros grandes mestizajes como son "SUSHI-SAMBA" (imaginad, comida brasileña mezclada con sushi) o el inigualable "JAPADOG" que aún sigo intentando comprender cómo mezclar perritos calientes con comida japonesa...
Y otra cosa que me preocupa, seriamente, es que comer en cualquier lugar cueste X, y que te vayas al supermercado a comprar los ingredientes para hacerlo tú y te cueste el doble!!! Whaaaat? ¿¿¿Entonces qué narices me están dando de comer en la calle??? ¿¿¿Sucedáneos???
Seguiremos informando...

viernes

MANHATTAN... DESDE MINNEAPOLIS

Manhattan no es América, es un conglomerado de mestizajes variados: Mezcla de culturas, de razas de estilos arquitectónicos; diversidad en el acento, en el andar, en el vestir, en la forma de relacionarse. 
En Manhattan la gente se preocupa por lo que come, cómo se peina, qué ropa lleva, qué cuerpo luce. 
Dicen que los neoyorkinos pesan una media de 7 libras menos que el americano normal. No sé si es la locura de la gran manzana, o que son los más cuerdos del país pese a luchar cada día más por un escalón en el podium de la superficialidad. 
La gente no vive prácticamente en sus casas, lo hace en el trabajo, en el bar, en el gimnasio, en el parque, en sus múltiples citas. No cocinan, porque todo es más fácil (e incluso barato) en la calle. No lavan la ropa, porque es mayor el coste de la luz en tu casa que pagar unas monedas en cualquier otro lugar (o darle 7$, como yo, al de la lavandería para que te lo devuelva todo dobladito en plan madre). 
¿He dicho ya que no están gordos? Vas al súper y cuentan al detalle las calorías y las grasas-trans, y están tan obsesionados por lo orgánico, que lo que realmente vende es lo que reza como tal. 
Corren, patinan, hacen yoga, pasean al perro, salen a bailar. Nunca quietos. 
Y un día sales de la capital del mundo a visitar otra ciudad y alucinas en colores. Ciudades desiertas, sin gente en las calles, sin gente corriendo, sin gente comiendo ensaladas... y ves por primera vez la cara de la América profunda. Los super-obesos. Gente que no cabe en una silla y se sienta en dos, al mismo tiempo que devora un triple BigMac con un refresco de litro... 
Que en el Congreso he tenido la sensación de que la mitad de los asistentes íbamos a tener que reanimar a la otra mitad. Al verlos he entendido porqué mi habitación del hotel tenía dos camas de matrimonio: ¡Una pareja así no cabe en una sola!
Y pienso en España y en cómo estamos adoptando las malas costumbres americanas. Si al menos aprendiéramos algo de Manhattan!!! Pero en vez de evolucionar, vamos para atrás, engordando a nuestra población y atorando sus arterias. 
Let´s be americans! But, let´s be the good ones!
15 días en los USA; y ya sé que, de ser algo, sería neoyorkina...

jueves

PRIMERA SEMANA EN NYC

La ciudad de los contrastes, donde puedes hacerlo todo o nada. Aunque mi impresión sigue siendo la de que la gente está sola (a las pruebas me remito: en la clínica, el 80% de los pacientes, tengan lo que tengan, toman antidepresivos), me he hecho a la idea de que así es como hay que hacer las cosas aquí. Así que me dije a mi misma que tenía que empezar a pensar en positivo, y así he ido descubriendo poco a poco porqué esta ciudad es mágica. 
Lo primero que adoro son los edificios, edificios nuevos con arquitectura ultramoderna albergando desde viviendas de lujo hasta galerías de arte, rascacielos sobresaliendo por encima de los viejos edificios de la city que se resisten a caer. ME ENCANTAN.
La gente, de todos los colores, alturas, condiciones, y estilos, muchos estilos. Será por las zonas cool por las que me muevo, pero la gente lleva unos estilismos alucinantes. ¿Quién decía que yo iba a destacar? Ni de coña, paso de un desapercibido escandaloso. Que por cierto, Ceci, tu gorro está de plena actualidad, porque todo el mundo lleva gorros con cabezas de animales. Mi favorito por el momento, un niño que llevaba un gorro en forma de búho. 
Todo lo que puedas imaginar, está aquí, incluyendo todo lo que jamás pensaste que nadie haría o tendría, TODO. Clases de yoga a 2$ (hola, agujetas hasta en las pestañas), botellas de agua negra (no botellas negras con agua, el agua es lo negro), tartas y magdalenas con Barbies incluídas... si hasta el hindú de la esquina vende vino de Jumilla (Juan Gil, ni más ni menos! y barato!). UN ALUCINE. 
Si tienes tiempo y no tienes vergüenza, puedes comer y beber todo lo imaginable, algunas veces incluso gratis. Fichada está la licorería de cerca de casa que organiza catas FREE los jueves, viernes y sábado. O el irish pub que salió en Callejeros Viajeros, con sus cervezas a un dolar y unas alitas de pollo picantes que... deseando estoy que sea otra vez martes, vamos!
Y en la clínica estoy infinitamente mejor de lo que imaginaba. Hago turnos con diferentes providers and nurse practicioners, para ir acoplándome a los diferentes pacientes. El personal se porta genial conmigo, me entero de bastante de lo que dicen, y el ambiente que se respira en el centro dista mucho del agobio y mal humor al que nosotros estamos, desgraciadamente, acostumbrados. Pero sin duda lo más alucinante es la cultura sanitaria de los propios pacientes. Saben lo que tienen, lo que han tenido, lo que quieren tomar... Es un flipe! Los médicos les hablan como si fueran médicos, y ellos lo entienden todo (como los nuestros, vamos, que te dicen "poh una pastillita chiquetita blanca").
Así que nada, poco a poco se acerca el fin de semana de nuevo, y a ver qué aventuras me depara esta vez... De momento es probable que, con el buen tiempo que se está montando, me dedique a turismear un poco... 
Seguiremos informando.
PD: ¿Qué os parece la iglesia de al ladito de mi casa? Esa cruz de neón color furcia esconde dentro otro mensaje en neón azul eléctrico que reza: JESUS SAVES...
Ahí es nada!

domingo

LLEGADA Y PRIMER FIN DE SEMANA

Pasando por alto el hecho de que la primera noche llegué a casa con más sueño que si hubiera estado de guardia 2 días seguidos, que caí en la cama a las 9 de la noche (hora local) y que amanecí al día siguiente las 9 de la mañana con un trancazo de escándalo, pues... No he empezado tan mal. 
El viernes me fui andando a la Clínica (que va a ir andando todos los días Perry), para reunirme con uno de los Staff Doctors muy simpático. Pase que de primeras en recepción me confundieran con una paciente, pase que con el resfriado estaba medio sorda y me enteraba de la mitad de las cosas... Pero joer con la hospitalidad de esta gente: En una hora me presentó a media plantilla y porque la otra media estaba de Congreso. Vamos! Que no me presentó a la señora de la limpieza porque no estaba cerca! Ahora, eso sí, qué gente más agradable y más pintoresca. NO DESENTONO NADA, os lo prometo. Me encanta el lugar! Van vestidos como les da la gana y hay un buen rollo exagerado allí. ¿Dónde hay que firmar?
Después me vine paseando con las mismas para casa, no sin antes parar a comprarme un "celular americano" para que Movistar deje de sangrarme con el Roaming de las narices, y pasar por una Farmacia-Droguería (que lo mismo te venden analgésicos, que champú, que refrescos y patatas fritas) para comprarme un preparado anti-catarrazo. Que una señora muy simpática que estaba allí comprando antiinflamatorios me recomendó el que iba mejor... Mejor para dormirse por las esquinas con los antihistamínicos-bomba que lleva! 
Mi primera noche en activo en la ciudad me fui al Instituto Cervantes a ver un concierto de Jazz con mi compañera de piso y guía de la ciudad, del que nos salimos 3 minutos antes de que acabara porque no podíamos más!!!! De verdad que yo lo intento, pero es que el Jazz y yo no terminamos de entendernos...
Menos mal que lo suplimos anoche disfrutando de lo lindo en otro concierto de música de estilo... indescriptible, pero de los que merece la pena muy mucho ver en directo: FREE BLOOD
De todo lo vivido estos primeros 3 días en la gran manzana, poco os puedo decir. ¿Me gusta? Pues no lo sé. Quizá todavía estoy muy españolizada y no me siento preparada para que una ciudad así me devore. Me siento triste. Me siento sola. No he grabado ningún vídeo porque no estoy de humor, porque no he podido satirizar con las cosas porque no he conseguido sentirme libre para disfrutarlas. Esta ciudad tiene tantas cosas que hacer y tan pocas personas para compartirlas. Parece mentira que, donde viven millones de personas, al final se trate de millones de individuos solos, porque el ritmo de vida de las personas imposibilite la compatibilidad de sus vidas. La gente es amable, sí, y puedes hablar con las piedras si quieres, pero no pretendas quedar 2 días seguidos, porque la ciudad no lo va a permitir...
En mi calle, coche peculiar... Ojo a la rejilla del radiador que son cajas de refresco...

jueves

DÍA 1: LA IDA

Otra noche quasi-en vela, a veces soñando con y otras pensando en cosas de los USA (¿me dejarán embarcar?, ¿cómo ir desde el aeropuerto JKF a la ciudad de NY? ¿me abrirán la puerta del piso cuando llegue o tendré que buscar un hotel después de todo?), con madrugón incluido, pues, no recordaba muy bien con cuánto tiempo de más tienes que estar en el aeropuerto para un viaje así. Si el vuelo fuera en hora el madrugón habría merecido completamente la pena. Pero cuando llegas al mostrador de facturación a las 7’30 de la mañana y la amable azafata te dice “Llevamos 2 horas de retraso”, quieres llorar mucho. Porque me he levantado pensando “qué os den, nervios, el sueño lo va a poder todo, pienso dormirme el vuelo entero” (como cuando te levantas para trabajar y lo haces pensando en la siesta que te vas a echar cuando vuelvas, pues igual). He pasado de la tristeza a la ira cuando he leído en la web de aena: “Huelga de pilotos de Iberia los días … y 29 de Febrero”. Ah! Qué ese ha sido el motivo! ¡Que salimos tarde porque ayer la liaron parda y aún intentan compensarlo! Pero bueno, aquí todo el país pasando penurias para encontrar un currillo de nada, y esta peña del mundo de los aviones siempre de huelga (se ve que cobran poco… habrán visto #cuerpomedico y querrán un deportivo como el que saca el cirujano plástico… y yo en bici, algo no me cuadra).
Ahora mismo, ya en la puerta de embarque, os escribo mientras cargo el portátil y el móvil, porque una gran idea que me he encontrado aquí es la de las torres de LG de carga de baterías. Se trata de unas 50 torres repartidas entre las puertas de embarque de la T4, con una pantalla de 42” con el canal 24 horas de TVE y muuuuchos enchufes en su base para que puedas cargar lo que quieras mientras esperas tu salida.
Y aquí estoy yo, esperando mi salida…

93 DÍAS EN NYC


Y no habré dado el follón con mi viaje… Desde que en verano me dieran el visto bueno en la Callen-Lorde como anfitriones, y en mi propio servicio (sin chistar lo más mínimo, lo que despeja los nubarrones de la duda acerca de la propia libertad del individuo), he dado muchos bandazos. Primero concretar fechas, después decidir cuál era el mejor momento para pillar una ganga de vuelo (aunque con la emoción de encontrarla no cayera en la cuenta de que me cogía más días de los que el ESTA estipula como aceptables para un europeo: Máximo 90! Y no 3 meses enteros Helen!), a la odisea de recogida de papeleo (“necesitaríamos una copia del libro de familia” ¿libro de familia? WTF?)  para presentarme en Madrid a por un visado (por haberme autocerrado las puertas del ESTA, qué pava puedo ser a veces), los calentamientos de cabeza por el alojamiento (incluyendo varios intentos de timo, reserva en residencia a la cual acabo no yendo, y confirmación de piso de españoles en el último momento), el seguro de salud, los dólares… Vaya tela marinera! Y de cada paso os he ido haciendo partícipes, sino a todos, a una inmensa mayoría. Y ahora me encuentro en el AVE, ya, camino de Madrid, para emprender esa aventura que tanto he imaginado, que tanto habéis imaginado…
Después de escuchar y leer mil veces (“Qué exagerá, Elena, pareces andaluza”-“No, qué va, yo venía ya así de fábrica”) la pregunta de si estaba nerviosa, después de montar una despedida a lo boda gitana, con desayuno con churros el sábado post-OBBIO, y con cervecitas al sol acabando en calle Betis a las nueve de la noche el día de la región, después de que algunos me abrazarais como si no fuera a volver, me susurrarais que me ibais a echar mucho de menos y después incluso de ver alguna lagrimilla enturbiar unos ojazos… Después de todo eso, ya por fin, echada en mi cama sentí que era la última noche en ella, y yo también empecé a llorar, a ponerme nerviosa, a sentir miedo y a dejarme llevar por la tristeza y la añoranza. Que también preguntasteis si lo tenía todo… todo no cabe en la maleta, y probablemente lo más importante se queda en casa.
Pero como me conozco, sé que soy una llorona (y cuando duermo poco aún más), y que luego en 3 días soy más feliz que una perdiz, pues me he montado en el AVE caminito de Madrid, para volar y volar mañana a la gran manzana (hablando de manzana, un minuto de silencio por mi Mac que petó ayer antes de irme… que particular manera de despedirse).
He prometido contaros la aventura y lo hago porque me gusta escribir… aunque puede que parte del relato venga en forma de vídeo ahora que me he metido en ese mundillo. Os lo contaré a mi manera, sacaré la sátira de la maleta (que de eso va llena) y pondré los USA de vuelta y media… O no, nunca se sabe dónde vas a encontrar tu lugar…
Aquí comienzan: 93 días en Nueva York.
PD: ¿En serio es necesario que, al pasar por el control de entrada al AVE con tu billete (en el que pone claramente COCHE 5, ASIENTO 14), la azafata lo coja, lo pase por el escáner y diga: “Coche 5”…? ¿Si sospechan que no sé leer, no es mejor que me acompañen a mi asiento? ¿O si es por decir algo, no queda mucho mejor algo en plan “que tenga un buen viaje”?