Irina tiene nombre de entrenadora de gimnasia rítmica, o, como ella misma dice, de estricta profesora de piano. Te la imaginas muy rusa, mayor, con gafas pequeñas, alta, ancha y muy seria. Y te encuentras con ella, una rubia hippiosa con carita de adolescente.
Irina es la única que ha customizado la consulta en la que trabaja en la clínica, de tal forma que cuando entras tienes la sensación de estar en el salón de su casa. Ha puesto luz indirecta, plantas, cuadros y un largo panel donde cuelga todos los regalos que le traen sus pacientes.
Tiene nombre ruso, y le gusta el frío, pero convierte las cosas gélidas en cálidas con su mera presencia.
Habla con todos y en todos los idiomas que puede. Inglés, ruso, portugués y español, este último porque se le metió entre ceja y ceja ser voluntaria en un Centro de Atención a pacientes VIH latinos.
Da consejos caseros a todos los pacientes, y para todas las preguntas tiene una excelente respuesta, tomándose su tiempo para elaborarla y cerciorarse de que el paciente lo entiende del todo.
¡Qué pocas Irinas hay por ahí sueltas y cuántas harían falta!
En la Clínica la gente es muy dispar. Peinados imposibles.,tatuajes milenarios, piercings, uñas pintadas (independientemente del sexo), conjuntos estrambóticos... alternando con camisas y pajaritas.
No sé qué tiene este lugar, imagino que alrededor de los pacientes a los que atienden, se han ido conglomerando sus médicos y enfermeros.
Pero no es una cuestión de raza, sexo u orientación sexual, es una cuestión de libertad. EXPRÉSATE TAL Y COMO ERES SIN IMPORTAR COMO SEAN LOS DEMÁS. O como dirían mis amigos hindis, "No tengo porqué aceptar todo lo que tú hagas, pero respetaré siempre lo que decidas hacer".
