Recuerdo que, de pequeña, tapaba los agujeros de las paredes de mi dormitorio, aquellos causados por clavos o chinchetas, con plastilina blanca... Soñaba que por las noches salían elefantes blancos de esos agujeros y me pisoteaban... Era mi solución para que no salieran: tapar agujeros de milímetros de diámetro con plastilina blanca para contener elefantes de 3 toneladas!!!
Cuando lo cuento, muy de vez en cuando, la gente se ríe y se sonríe... ¡Qué inocencia la de la niñez! ¡Qué ocurrencias tenías!
Ahora me doy cuenta que demasiado a menudo, más de lo que me gustaría, las personas adultas siguen tapando los agujeros milimétricos de sus paredes con plastilina blanca... siguen conteniendo sus elefantes de toneladas con un pegotito de pasta blanca... Y me parece que tanta plastilina ha convertido al final los muros en meros coladores endebles...


